domingo, 25 de mayo de 2008

Se marchita. Me marchito.


Cuando uno no cuida lo que tiene, lo que siembra, lo que está a su alrededor. Se deteriora. Se pudre. Pierde su esencia y sentido. Se pierden las ganas de mantenerlas. Y se pierde esa sensación de alivio y bienestar cuando se sabe que las cosas avanzan como deberían y no se están marchitando.
Para cuidarlas se necesita cariño, sinceridad, afecto y confianza. Aquí no la hubo, yo no la sentí (por miedo, angustia, rechazo, quizás). Por eso las cosas están como están. Todo se está marchitando. Yo me estoy marchitando y todo lo que me rodea, lo sabe. Sabe que no sonrió como antes. Sabe que pierdo mi esencia. Sabe que estoy matando mi color y de paso, mato el color de los demás. Pero también sabe que puedo sobreponerme, escapar de ese hoyo en que me siento atrapada y recuperar el brillo y la armonía, sólo con el hecho de régarme con una pizca de cariño, sinceridad, afecto y, sobretodo, con mucha confianza, esta flor no volverá a marchítarse hasta nuevo aviso. Esperemos.

No hay comentarios.: