domingo, 30 de mayo de 2010

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Porque cambié. Porque no tengo ánimos. Porque no me gusta estar con la gente. Porque no soporto la alegría del resto. Porque no soporto mi envidia. Porque me siento incómodo. Porque tengo mucho sueño. Porque tengo flojera. Porque no tengo motivos. Porque no tengo amigos.sí, exageré). Porque mi familia no me apoya. Porque me comparan. Porque me comparo. Porque mi valores no son como los del resto. Porque soy infantil. Porque estoy enferma y no tomo ningún resguardo. Porque los malos recuerdos me visitan y lo buenos los eliminé. Porque me dicen lo que tengo que hacer y yo obedezco. Porque no opino. Porque no hablo. Porque no lloro. Porque no me rio. Porque me alejé. Porque me restringí. Porque no me actualizo. Porque no quiero. Porque no puedo. Porque el destino así lo quiso. Porque tomé malas decisiones. Porque quise. Porque la cagué. Porque soy culpable. Porque no soy buen ciudadano. Porque no creo en Dios. Porque me burlo de las personas. Porque como amiga no soy la mejor. Porque me canso. Porque no soy creativa. Porque Porque no vale la pena.

Bienvenidos 20 años.

martes, 23 de marzo de 2010

Nunca fui buena para los títulos


Desde que el camino se desvió, yo decidí callar. No quise decir nada, siempre por la poco confianza que existe en mí. Tampoco me dediqué a ver más allá de lo que se veía. No quise arriesgarme y preferí conformarme con lo que tenía; con lo que me tocaba.
Luego de mucho tiempo, tuvimos la posibilidad de conversar en todo lo que había pasado. Siempre asumiendo que el principio del casi fin, fue una piedra en el camino sin importancia. Eso era de la boca para afuera. Yo mentí. Y no quise preguntar si era lo mismo por allá.
Seguimos la vida, dejando el pasado atrás y sonriéndole a lo que se presentase y lo próximo a venir. Como compañeros de viajes, como buenos amigos que fuimos (de eso si pongo las manos al fuego por ambos).
Así estuvimos, con tés de rosas, con conclusiones de trabajos maravillosos, cada uno haciendo sus historias (unas más bonitas que otras), pero a la par. Disfrutando de eso, nos topamos con una roca. Y fue esta roca, la que gatilló el resto de la historia. Fue eso lo que debió servirme para ser realmente sincera, pero no pude. Me ganó el miedo. El contexto de la situación no me daba ningún triunfo. Me hice la desentendida. No demostré ni una pizca de importancia, con la estúpida mentalidad de "si a él no le importa, por qué me tiene que importar". Nunca supe qué pasaba por tu lado, no lo quise saber tampoco. Me daba terror cualquier respuesta.
Por mi parte, fue la guinda de la torta y sentía que la relación se había desbordado. Inconscientemente apareció un espacio enorme, donde cada uno reflexionó todo lo que había ocurrido.
Al paso del tiempo, si previo aviso nos vimos reunidos y de nuevo, como si nada hubiera pasado. Existió, es cierto, esa conversación de reconciliación. Pero a mí todavía me inquietaban miles de interrogantes y yo cada día me hacía más evidente.
Cuando se me fue de las manos, ya estaba en un callejón sin salida. Estaba a punto de explotar esa bomba en mis manos. Fue entonces, que decidí hablar. Lo dije todo. Siempre con la postura de que yo cometí errores, dejándote excepto de toda reponsabilidad. Siempre creyendo que nunca tuviste alguna duda o algo que quisiste preguntar fuera de los parámetros que nos regían antes de la verdad.
No tenía nada que ganar, más que tranquilidad; la que me había abandonado hace tanto tiempo. Lo único que me llevé esa tarde fue tu cara de sorpresa, pero jamás lo que sentías.
Nos vimos todos los días después de eso, pero no hablábamos.
Luego, yo me desesperé sin saber qué ocurría por allá. Volvimos a conversar. Una conversación un poco extraña. Recuerdo que escribí un papel, donde yo pregunté qué sentías y qué pensabas. Tú dijiste que estabas bien, que era penoso lo que ocurría, pero que entendías mi situación. Y con eso me quedé.
Pasó mucha agua bajo el puente. Nos topamos en varios eventos sociales, pero eran sólo miradas llenas de preguntas, pero ninguno se atrevió a ceder.
Y yo, con dudas que surgían cada vez que nos topábamos, volví a buscar tu atención. El famoso papel, que alertaba que algo estaba pasando. Me fui de viaje, me desconecté de la realidad y reflexioné cómo no se estaba evoluvionando. Cuando volví de mi viaje. La naturaleza se manifestó y me di cuenta de que me estaba ahogando en un vaso de agua. Lo que yo realmente quería, jamás lo iba a conseguir. Así que empecé a preocuparme por lo que yo necesitaba. Mucha tranquilidad. Dejando el tema debajo de la almohada y que sólo perturbara en mis noches, mientras que en el día estaba el sol y tenía que sonreirle.
Estando yo, tranquila en un día normal, y apareces recordando el papel. Me dices que nunca me preocupé, que jamás me importó lo que te pasaba y te sorprendías que estuviera tan tranquila. No insistí en el tema, pero me dejó dando vuelta hasta el día de hoy, con muchas preguntas que quizás ya no me dan tanto miedo las respuestas. Sé que también estás muy confuso, pero no sé si algún día resolveremos esas interrogantes.
No sé. Ya no muevo piezas, por más que quiera. Quizá el orgullo le ganó al corazón. Extraño muchas cosas. Me apena un poco esta historia. No me quiero imaginar el final.
Sólo sé que nos invadió la falta de comunicación.

Mientras tanto, yo te sonrío y te digo... Gracias por esta experiencia. Ahora soy una mujer más fuerte.

martes, 22 de diciembre de 2009

Llueve en los campos de la flor.

Ese corazón lata con fuerza. Percibe, siente, vive. Pero no debe. Según las reglas del manual, no está haciendo lo correcto. A violado más de tres reglas de las relaciones humanas.
Ese corazón no sabe de conceptos. No sabe que significa amistad, amor, compromiso. reprobó ese ramo. Lleva años intentando salir de eso.
Ese corazón no entiende cómo se puede querer de distintos modos a una persona. Esa persona es afortunada. Medítelo, ese corazón es sincero.
Ese corazón es optimista. Sabe que de esto sacará grandes cosas. Sabe que se ha marchitado la flor, pero sabe también que aunque se marchite, la flor dejó semillas en la tierra. Falta la ayuda de la lluvia y el sol.
Ese corazón no sonríe, pero dele un tiempito. Alguien le dijo que era su mejor talento.
Ese corazón ruega por una verdad. A él le da lo mismo si es satisfactorio, sólo quiere sinceridad.
Ese corazón quiere con locura y teme volverse loco.
Ese corazón quiere decir más, pero se avergüenza mucho más.
Ese corazón agradece a sus compañeros de vida. No hay palabras.
Ese corazón jamás lucho, pero ¿había por qué luchar?
Ese corazón no espera palabras, pero agradece el pensar.
Ese corazón necesita descansar...


sábado, 7 de noviembre de 2009

Wild world - Cat Stevens

Ahora que ya te he perdido
Tú dices que quieres empezar algo nuevo
Y me parte el corazón que te vayas
Nena, yo estoy afligido
Pero si quieres irte, cuídate mucho
Yo espero que tengas muchas cosas bonitas con que vestirte
Porque un montón de cosas están empeorando allá afuera
Oh, nena, nena, es un mundo salvaje
Es difícil sobrevivir sólo con una sonrisa
Oh, nena, nena, es un mundo salvaje
Yo siempre te recordaré como si fueras un niño pequeño, muchacha,
Sabes que yo he visto mucho de lo que el mundo puede hacer
Y eso está partiendo mi corazón en dos
Porque no quiero ver que estés triste
Pero si quieres irte, ten mucho cuidado
Espero que tengas muchos amigos buenos allí afuera
Pero simplemente recuerda que hay mucha maldad y cuídate

***

Cuando tenga el coraje y valentía, le diré que era para usted esta canción.

sábado, 12 de septiembre de 2009

El recordar

Están ahí, más frescos que siempre. Tengo esa habilidad. Positiva o negativa, dependerá para qué la use. Detalles, diálogos, colores, ubicación, contextos, fechas y en ocasiones recuerdo hasta la hora.
Talento un tanto psicópata, es lo que me han dicho muchos. A veces también lo pienso, pero en otras ocasiones no creo que sea así. Están ahí porque tienen un significado, el grado de importancia siempre será variado; tienen esa sensación, buena o mala, pero que siempre estoy extrañando. Esa emoción que hace que me sienta viva, que hace que me sienta humana.
Siempre me he preguntado, si aquellos que han compartido conmigo lo que ahora son recuerdos, hayan sentido lo mismo que sentí yo, si les hayan dado algún significado o simplemente se acuerdan de eso como un lindo momento.
He vivido con esa incertidumbre, pero siempre esperanzada. Aunque a veces intento no desmostrar que aún les tengo cierta fe. Que aún creo en ellas y lo importante de las experiencias vividas. Que recuerdan como yo, pero no lo hacen saber. Que sólo recuerdan. Creo. Quiero creer en eso. Vivo creyendo eso.
Si estoy errada en aquella creencia, no quiero saberlo. No quiero saberlo nunca. Prefiero vivir de esa mentira con una sonrisa, a que vivir de esa verdad con una de mis penas más terribles.